Desde los primeros siglos de la Iglesia, seducidos por el amor gratuito de Dios, unos hombres y mujeres se sintieron llamados. Apasionados por Dios y por el mundo, optaron por dejar la vida ordinaria de cualquier cristiano para ser más disponibles a Dios y vivir totalmente orientados hacia el Padre a la manera de Cristo.

Para ser libres de amar como Cristo y con El, quieren vivir para siempre castos, pobres y obedientes a Dios. A imitación de Cristo, se esfuerzan por vivir la fraternidad entre ellos y con los demás.

Testigos del Espíritu, viven su entrega, realizando actividades apostólicas y misioneras y también varias tareas suscitadas por la caridad cristiana.

Existen numerosos institutos religiosos (congregaciones, ordenes, monasterios etc…). Cada uno siendo fundado por una o varias personas atentas “a las llamadas de su tiempo”.

Los religiosos, miembros del mismo instituto, viven juntos la Buena Nueva del Evangelio:

  • En una relación con Cristo : el compromiso en la vida religiosa o la vida consagrada, supone una relación viva y personal con Cristo. Esta relación, la vive cualquier bautizado, pero los religiosos y consagrados la viven de manera específica.
  • En una vida comunitaria: es una de las características esenciales de la vida religiosa. Las comunidades religiosas están llamadas a ser como “laboratorios de vida evangélica”
  • En una misión aquí y allá: por su composición y organización internacional, las comunidades están abiertas a la dimensión universal. Están llamadas a ser signos de una Iglesia siempre en misión, abiertas al mundo y a las pobrezas de nuestra sociedad aquí y allá.

En la vida religiosa, lo fundamental, es la entrega total de nuestras vidas a Dios, día tras día, viviendo las exigencias de nuestra consagración religiosa en comunidad y los compromisos misioneros.